El laberinto del fracking: gas de esquisto hasta en la sopa

El gas no convencional o gas de esquisto es una de las grandes amenazas para el medio ambiente y la salud si el TTIP sale adelante. Se llama gas de esquisto o no convencional porque es una fuente de energía fósil obtenida mediante la técnica de “fractura hidráulica” o fracking.

Al ser un gas adherido a rocas que están a gran profundidad, es necesario perforar para luego inyectar agua a presión con componentes químicos que fracturen la roca, para liberar el gas, recogerlo y después procesarlo.

Esta técnica comporta una serie de riesgos ambientales intolerables, como la perforación y fracturación de la roca que eleva el riesgo de seísmos, la cantidad ingente de agua que se requiere, el riesgo de contaminación de los acuíferos perforados, la liberación de gas o la filtración de contaminantes. El consumo de este gas en nuestro sistema energético a su vez implica un aumento de las emisiones de gases de efecto invernadero; se mantendrá un modelo dependiente de los combustibles fósiles y se retrasará aún más la transición que necesitamos hacia las energías renovables.

Las realidades de las dos partes implicadas en las negociaciones del TTIP son muy distintas. En Estados Unidos la legislación en cuanto a gas natural y fracking es muy permisiva: actualmente se están perforando pozos en unos 31 Estados con unos 500.000 pozos en total. Siete de estos estados están implantando algún tipo de restricción, y los movimientos de oposición ciudadana están organizándose en todas las regiones. El contexto europeo es distinto: la oposición al fracking es más intensa incluso, pero vivimos en un continente absolutamente dependiente de la importación de combustibles fósiles. La mayor parte del gas natural se importa desde Rusia, por lo que la inestabilidad de la zona por el conflicto en Ucrania está provocando amenazas en el suministro de gas.

Estados Unidos está por tanto más que interesado en convertirse, a través del TTIP, en un proveedor de gas de esquisto para Europa y abrir ese mercado. No existe una regulación comunitaria sobre fracking, pero sí soberanía en los Estados miembros para prohibirlo. Algunos intentos del Parlamento Europeo para fortalecer la regulación y las salvaguardas ambientales han quedado en nada por la oposición de la industria fósil y algunos Estados. Francia y Bulgaria ya han vetado la práctica en sus territorios, pero algunas empresas energéticas interesadas en explorar los recursos de gas no convencional están intentando romper legalmente esa decisión para obtener los permisos. No han tenido mucho éxito…, hasta ahora.

Tanto el TTIP como el mecanismo de resolución de controversias entre inversores y Estados amenazan con acabar con la soberanía estatal, ya que podría obligar a los estados a pagar indemnizaciones millonarias a las empresas por no permitir una agresión ambiental en su territorio. El fracking es un ejemplo de cómo el TTIP convierte a un Estado en vulnerable frente a una empresa estadounidense que planea extraer hidrocarburos en cualquier país europeo. Ni siquiera la fuerte oposición de la ciudadanía e incluso de las administraciones, como los ayuntamientos, serviría de nada con el TTIP, que anularía cualquier poder regulatorio sobre esta técnica tan agresiva.

¡Síguenos para saber qué más esconde el TTIP y cómo participar para frenarlo!

Ver todas las viñetas – La saga del TTIP

Anuncios

Responder

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Cerrar sesión / Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Cerrar sesión / Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Cerrar sesión / Cambiar )

Google+ photo

Estás comentando usando tu cuenta de Google+. Cerrar sesión / Cambiar )

Conectando a %s